3.2.1. Caracteres generales.

Bibliografía consultada:
MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993. Selvicultura Mediterránea. Ed. Mundi-Prensa. Madrid, 368pp.
MONTOYA OLIVER, J.M., 1993. Encinas y encinares. Ed. Mundi-Prensa. Madrid, 131pp.
MORO, R., 1995. Guía de los árboles de España. Ediciones Omega. Barcelona, 407pp.

La encina es el árbol ibérico por excelencia, el nombre de encina es el más vulgarizado, aunque también se la llama carrasco o carrasca, chaparro y en Cataluña alsina (MORO, R., 1995).

La encina es un árbol corpulento (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993), de gran fronda, que por lo general posee un solo tronco recto y grueso (sobre todo en ejemplares aislados), aunque es a menudo arbustivo en zonas de malos suelos o climas, sobre todo en su límite altitudinal superior (MONTOYA OLIVER, J.M., 1993). En fin, un milagro adaptativo de la naturaleza digno de admirar.

Es un árbol noble, siempreverde con ramificación abundante e intrincada de ramas muy rígidas, con copa amplia y densa, normalmente con forma redondeada (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993).

Posee un temperamento robusto, amplio, elástico, y de enorme variabilidad (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993).

El crecimiento de la encina es lento, pero de gran vigor, debido a la abundancia de brotes de raíz y cepa, característica ésta que hace que responda excelentemente ante mutilaciones, fuegos, sequías (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993).

Es una frondosa de gran longevidad pudiendo vivir entre 700 y 800 años (MORO, R., 1995), y más.

Su corteza, que puede considerarse delgada para un árbol de tal porte, se agrieta en pequeñas placas cuadradas longitudinalmente y transversalmente de poca profundidad y posee unas pequeñas escamas, en cuanto al color, es de pardo a negruzco (MORO, R., 1995).

Su madera es altamente densa, compacta, resistente y homogénea, su color es de blanco a rosado en la albura joven. Con la edad el corazón se vuelve pardo rojizo, y la albura se oscurece de tal manera que es indistinguible la albura del duramen (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993). Su durísima médula desafía al tiempo y las inclemencias, tan consistente resulta el esqueleto de una encina que los ejemplares que mueren de viejos a menudo permanecen en pie durante decenios.


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