3.2.3. Organos aéreos.
Bibliografía consultada:
AAS, G. Y RIEDMILLER, A., 1991. Gran guía de la Naturaleza, Arboles. Ed.
Everest. León, 255pp.
ABELLA, I., 1996. La magia de los árboles. Integral. Barcelona, 280pp.
FERRER GRANDA, J. M. Y RODRIGUEZ DE LA ZUBIA, M., 1968. Nuestros árboles
forestales. Publicaciones de Capacitación Agraria, Serie Técnica nº33. Madrid, 127pp.
GARCIA-DORY, M.A. GUTIERREZ, C. Y PRIETO F., 1985. Evolución del encinar
en España. Revista Quercus, cuaderno 16. Madrid, págs. 5-9.
MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993. Selvicultura Mediterránea. Ed.
Mundi-Prensa. Madrid, 368pp.
MORO, R., 1995. Guía de los árboles de España. Ediciones Omega.
Barcelona, 407pp.
ORIA DE RUEDA, J.A. Y REYERO, J.M, 1997. Encinar, el bosque ibérico. Revista Biológica,
nº 6. Madrid, págs 40-51.
Sus hojas son simples, alternas, persistentes, subsentadas, poseen un limbo grueso,
coriáceo, áspero y morfológicamente muy variable, pueden ser enteras o dentadas, con
dientes ondulados o espinosos, de aovadas elípticas a lanceoladas. Su longitud varía
entre los 20 y 80 milímetros, y su anchura entre 15 y 30 milímetros. Su base es
redondeada con un corto peciolo velloso-lanoso de 10 a 20 milímetros de longitud. El haz
es piloso o glabro y verdioscuro lustroso, el
envés
se mantiene densamente tomentoso,
tupido, de color grisáceo, con un nervio central y de 10 a 20 pares de nervios laterales.
La hoja como dice la adivinanza, "redondita como un cuarto, tiene dientes de lagarto" (ABELLA, I., 1996).
Las hojas viejas caen al principio del verano (caen sin amarillear con 3 a 4 años, normalmente en agosto, y tardan mucho en descomponerse), cuando las del año hace tiempo que han brotado (a principios de abril aparecen las hojas nuevas) (ABELLA, I., 1996).
La transpiración de la hoja esta reducida al mínimo indispensable, presentando largos períodos de cierre de estomas (GARCIA-DORY, M.A. GUTIERREZ, C. Y PRIETO F., 1985). Se cubren de ceras que las protegen de las altas temperaturas, y aparecen recubiertas con pelosidad densa y corta para evitar pérdidas de agua en verano o en época de vientos persistentes (ORIA DE RUEDA, J.A. Y REYERO, J.M, 1997).
Sorprende el hecho de que en un mismo árbol puedan coexistir hasta seis diferentes tipos de hojas, las situadas cerca del suelo resultan más duras y están orladas de agudas espinas, a partir de estas hojas y según se va ganando altura se van redondeando las formas, hasta el punto de que las hojas de la parte superior no parecen del mismo árbol, en comparación con las crecen en su base, este hecho no es ni más ni menos que un mecanismo de defensa para sobrevivir ante los depredadores.
En las encinas ramoneadas por el ganado, sobre todo si son ejemplares jóvenes, la hoja se crispa y se vuelve más rabiosa y punzante (ABELLA, I., 1996).
Bibliografía consultada:
AAS, G. Y RIEDMILLER, A., 1991. Gran guía de la Naturaleza, Arboles. Ed.
Everest. León, 255pp.
FERRER GRANDA, J. M. Y RODRIGUEZ DE LA ZUBIA, M., 1968. Nuestros árboles
forestales. Publicaciones de Capacitación Agraria, Serie Técnica nº33. Madrid, 127pp.
MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993. Selvicultura Mediterránea. Ed.
Mundi-Prensa. Madrid, 368pp.
MORO, R., 1995. Guía de los árboles de España. Ediciones Omega.
Barcelona, 407pp.
FUENTES SANCHEZ, C., 1994. La encina en el centro y suroeste de España (su
aprovechamiento y el de su entorno). Junta de Castilla y León, Consejería de Medio
Ambiente y Ordenación del Territorio. Castilla y León, 238pp.
Sus flores están distribuidas de manera monoica y presentan fecundación anémofila.
Las flores masculinas son de color verde amarillo
y están dispuestas en amentos multifloros
que cuelgan fláccidos, con 40 a 70 milímetros de
longitud. Aparecen normalmente en los brotes del año anterior y también en los
brotes del año.
Las flores femeninas
son pequeñas e
insignificantes, con una longitud de pocos milímetros y con pedúnculo lanoso y corto.
Aparecen normalmente en el brote del año y son de color verde grisáceo, con el extremo
de color rosa, y peludas. Se sitúan solitarias o en grupos de 2 y muy rara vez en número
de 3. Presentan ovario velloso y cuatro estigmas patentes, recurvados y rojizos. Dan
origen a frutos solitarios o gemelos sobre pedúnculos muy cortos.
Bibliografía consultada:
AAS, G. Y RIEDMILLER, A., 1991. Gran guía de la Naturaleza, Arboles. Ed.
Everest. León, 255pp.
ENCICLOPEDIA UNIVERSAL ILUSTRADA, 1988. Acepción "encina".
Espasa Calpe, Tomo XIX. Madrid, págs 1.176-1.178.
FERRER GRANDA, J. M. Y RODRIGUEZ DE LA ZUBIA, M., 1968. Nuestros árboles
forestales. Publicaciones de Capacitación Agraria, Serie Técnica nº33. Madrid, 127pp.
MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993. Selvicultura Mediterránea. Ed.
Mundi-Prensa. Madrid, 368pp.
MORO, R., 1995. Guía de los árboles de España. Ediciones Omega.
Barcelona, 407pp.
Sus frutos, las bellotas
, son
infrutescencias cortamente pedunculadas, solitarias o reunidas en pequeños grupos de 2 o
3, aovadas oblongas, de hasta 5 centímetros de largo.
Normalmente aparecen en las ramillas del año y suelen ser pardo-lustrosas, con puntita lampiña en su parte inferior y redondeadas o cónicas en su base. Se encuentran envueltas en su tercera parte, o incluso hasta la mitad, por una cúpula (cascabel, cascabillo) con escamas calicinas y planas, densamente adheridas, muy apretadas (poco levantadas) y de blanda pilosidad.
Bibliografía consultada:
MORO, R., 1995. Guía de los árboles de España. Ediciones Omega.
Barcelona, 407pp.
Las yemas son pequeñas, oviformes, obtusas, con escamas pardo rojizas, lampiñas y vellosas. Su longitud oscila entre los 10 y 20 milímetros.
Los brotes, de tendencia delgada y pubescentes (cubierto de pilosidades), son de color grisáceo apagado y lanosos.
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