3.4. Quercus ilex, Lam. y Quercus rotundifolia, Lam.
Bibliografía consultada:
MONTOYA OLIVER, J.M., 1993. Encinas y encinares. Ed. Mundi-Prensa. Madrid,
131pp.
Las dos especies de encina mantienen en común su corteza no corchosa, característica ésta que les distingue del alcornoque, el envés tomentoso de sus hojas les separa de la coscoja y el carácter perenne y coriáceo de las mismas les aparta de los robles. Como todos los Quercus, presentan las flores masculinas en amentos colgantes y las flores femeninas separadas de las masculinas pero sobre el mismo árbol, y fruto en bellota sólo parcialmente recubierta por la cúpula.
La encina Quercus ilex, L. se distingue de la Quercus rotundifolia, L. por sus hojas lanceoladas u oblongo-ovales, verde oscuras por el haz, con 7 a 11 pares de nervios laterales, por sus inflorescencias masculinas pelosas y por su bellota amarga.
Por el contrario, Quercus rotundifolia, L. tiene hojas anchamente ovales o redondeadas, con el haz blanco grisáceo, con 5 a 8 pares de nervios laterales, y de bellota frecuentemente dulce.
Quercus ilex es principalmente amante del clima mediterráneo y predomina sobre suelos calcáreos, Quercus rotundifolia es amante del clima mediterráneo continental, y se encuentra en todo tipo de suelos.
Quercus ilex, L. se extiende por el norte y este peninsular y baleares, y Quercus rotundifolia, L. por el centro, oeste y sur peninsular.
En los aspectos forestales es destacable la mejor altura, porte y mayor resistencia a la sombra de Quercus ilex, L. que parece elegir zonas de veranos menos secos y duros. En general Quercus ilex, L. es más amante de las sombras y espesuras que Quercus rotundifolia, L., sus bosques son más espesos y frecuentemente la vegetación lianoide los hace impenetrables.
Ambas reciben el nombre común de encina, aunque es frecuente también la denominación de carrasca y de chaparra, reservándose más bien estos dos últimos términos a la brotes arbustivos de raíz o al monte bajo.
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