4.5.3. Otras enfermedades.

Estas son: enfermedades por falta o exceso de agua.


4.5.3.1. Enfermedades por falta o exceso de agua.

Bibliografía consultada:
TORRES JUAN, J., 1993. Patología forestal. Ed. Mundi-Prensa. Madrid, 270pp.

También y como todos los árboles la encina, aunque resistente, presenta enfermedades típicas por falta o exceso de agua.

La falta de agua ocasiona daños importantes que se exteriorizan mediante fenómenos de marchitez, decoloraciones pardo-amarillentas, desecación de las hojas a partir de los bordes o extremidades, paralización del crecimiento y muerte parcial o total de las plantas afectadas por la sequía. Aparte de estos síntomas, al perder las células su turgencia, la planta presenta mayor predisposición a ser atacada por insectos y hongos patógenos. Los fenómenos de marchitez, al afectar a los brotes jóvenes, los tuerce por su base hasta que adquieren posiciones pendulares, si la lluvia o el riego mejoran la turgencia celular antes de que resulte fatal, los brotes vuelven a crecer normalmente.

En las masas del encinar poco o nada puede hacerse para paralizar o disminuir los daños por sequía, los cuales afectan sobre todo a las nuevas reforestaciones de árboles jóvenes, dificultando su establecimiento. Por esto es vital para el éxito de las reforestación la elección cuidadosa de los ecotipos y variedades utilizadas, con factores climáticos análogos a los de las superficies que van a ser reforestadas. También hay que tener muy en cuenta que las masas muy densas están más predispuestas a la sequía, por disponer sus pies de menor cantidad de agua. Sin embargo, los aclareos rápidos en épocas poco adecuadas pueden incrementar todavía más este tipo de daños, debido a que la mayor transpiración de la masa aclarada puede superar la capacidad del suministro del sistema radical, a pesar de la mayor cantidad de agua disponible del suelo.

Para neutralizar en lo posible los daños por sequía, es conveniente y necesario reforestar en la estación otoñal, cuanto antes mejor, a fin de que las plantas puedan desarrollar al máximo su sistema radical antes de las sequías del verano. De todo lo expuesto se deduce que la resistencia de las plantas a la sequía está más ligada al medio ambiente que a los factores genéticos.

El exceso de agua en el suelo inhibe el crecimiento del sistema radicular, que resulta luego inadecuado para absorber el agua suficiente durante las sequías.

El exceso de agua estancada del suelo, especialmente en los de naturaleza arcillosa, es la causa de que las raíces de las plantas no dispongan del oxígeno necesario para su respiración radical. Si el exceso de agua en el suelo permanece durante poco tiempo o ocurre en el período de reposo, no ocurren daños apreciables, pero si aumenta la permanencia del agua en el suelo durante la actividad vegetativa, las raíces mueren ahogadas. Este fenómeno viene acompañado generalmente de decoloraciones pardo-amarillentas de las hojas.

La intensidad de los daños por falta o exceso de agua varía principalmente con la naturaleza y características del suelo, con el régimen de precipitaciones a lo largo del año, con la especie de la que se trate, con su edad, localización y procedencia.


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