5.2. Selvicultura y calidad genética.
Bibliografía consultada:
MONTOYA OLIVER, J.M., 1993. Encinas y encinares. Ed. Mundi-Prensa. Madrid,
131pp.
Ya no conocemos los árboles del monte con la precisión de antaño, pues el campo está cada día más despoblado y urbanizado.
Algunas encinas destacan por su producción de bellota, otras son apreciadas por la calidad de la bellota o por su falta de vecería, etc. Unas dan la cosecha muy temprana, otras la dan muy tardía. Esto crea una obligación y necesidad de selección.
De hecho la selección genética actúa a nivel de campo con intensidad. La reforestación debe llevarse a cabo siempre con bellota bien elegida y selecta, poniendo un enorme cuidado en la elección de pies, productores y no veceros, de cosecha temprana o tardía, etc.
Es bueno señalar los árboles que destaquen por alguna o algunas características de excepción con objeto de recolectar en campo los frutos de los individuos de excepción y evitar la recogida indiscriminada, sin parámetros selectivos de calidad. Un ejemplo, aunque no siempre es cierto, es que las encinas de ramas que lloran son las más belloteras, y las menos son las que dan mucha flor masculina.
Es esencial la recogida de bellotas de muchos árboles y preferentemente buenos y dispersos.
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