6.7. Primeros pasos y crecimiento general.
Bibliografía consultada:
DELGADO GIL, A.M., 1994. Técnicas para plantar Quercus a partir de
bellotas. Revista Quercus, tomo 1. Madrid, págs. 292-295.
En pleno diciembre, cuando la vida del suelo parece inexistente, la bellota inicia su actividad, sus divisiones celulares se incrementan, el primer resultado visible es la aparición de su raíz. En su primeros días de vida tras la germinación la plántula se nutre casi exclusivamente de sus reservas alimenticias almacenadas en los cotiledones, de hay la gran importancia del tamaño de la bellota para su supervivencia.
La raíz aparentemente frágil, va penetrando rápidamente en la tierra en dirección a su centro (geotropismo positivo), sorteando si fuera necesario los obstáculos que encuentra a su paso.
El tallo más humilde y en sentido contrario, comienza a abrirse paso en dirección a la luz (fototropismo positivo). Al principio tiene un gran parecido con la raíz, pero cuando llega a la superficie del suelo toma un aspecto verdoso, e inmediatamente después, comienzan a desplegarse sus hojitas. Con ellas comienza nada más y nada menos que la fotosíntesis, a partir de este momento la encinita es capaz de alimentarse del reino inorgánico por sí sola. Sus cotiledones, antes repletos de glúcidos, están agotados, pero desde ahora la plantita podrá realizar su síntesis a partir del agua del suelo y del dióxido de carbono del aire con la ayuda de la energía solar.
El crecimiento de la encina es una cuestión muy polémica y a la vez muy ignorada. El crecimiento de la encina es desde normal a ligeramente lento.
Por acción del diente del ganado o la larga sequía estival, normalmente pierde su parte aérea, generalmente antes del tercer año. Si bien esto no suele acabar con la vida de la plantita, que es capaz de rebrotar en la estación húmeda, va debilitándola y retardando su crecimiento, cuando no lo impide totalmente.
En lugares libres, relativamente, de herbívoros es donde se puede estudiar su crecimiento sin ser interferido. Este suele ser lento en los 2-5 primeros años, pues se está formando un buen sistema radicular, pero una vez iniciado, no puede considerarse tan lento.
Si tras el segundo o tercer año, no hubiera aumentado a penas de tamaño o fuese defectuosa, sólo en estos casos, suele dar buenos resultados cortarla. Ello se hará al comienzo de la primavera (marzo-abril, antes de que empiece a circular la savia), a un par de centímetros de suelo con un golpe de azadilla bien afilada o con tijeras, evitando los desgarros. El brote posterior se hará enseguida mayor que el cortado, hemos propiciado o acelerado un proceso natural que al final hubiese tenido que realizar la planta por sí sola. Por lo general desde debajo de la superficie del suelo hubiera emitido uno o más brotes de los cuales uno suele tomar relevancia. El crecimiento posterior del brote se produce en dos períodos: uno primaveral y otro veraniego.
El período lento parece estar entre los cinco primeros años, alcanzando una altura de 40 a 150 centímetros. En los cinco años siguientes se va incrementado, teniendo con diez años entre 110 y 320 centímetros. En los diez años siguientes suelen duplicar su altura, proporcionalmente más los que tuvieron bajo crecimiento.
La encina cuando crece de forma aislada tiende a extender su copa, que se abre en exceso. Así no concentran su vigor en un único brote sino en muchos de ellos que tienden a redondear la copa en vez de formarla piramidal.
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