7.1.2. Factores ecológicos y condiciones del medio.
Bibliografía consultada:
DE JUAN, C., 1995. Repoblación forestal de tierras agrícolas. Ed.
Mundi-Prensa. Madrid, 63pp.
Un análisis preciso de las condiciones de clima, vegetación y suelo es determinante.
Se comienza por considerar los factores ecológicos y del medio: la latitud geográfica, el clima de la zona y la altura sobre el nivel del mar a que se encuentra el terreno a reforestar, el tipo de suelo y la roca sobre la que se sustenta, es decir, si se trata de un suelo calizo o síliceo, suelto o arcilloso, profundo o superficial, etc.
Cuando se habla de especies que han de ser objeto de reforestación, se debe tener en cuenta el ecotipo o procedencia, es decir, es necesario conocer de dónde provienen las semillas o plantas que se van a utilizar, para estar seguros que los factores ambientales o ecológicos de la zona de procedencia son similares a los del terreno o zona a reforestar.
7.1.2.1. Factores climáticos.
Bibliografía consultada:
DE JUAN, C., 1995. Repoblación forestal de tierras agrícolas. Ed.
Mundi-Prensa. Madrid, 63pp.
MONTOYA OLIVER, J.M., 1993. Encinas y encinares. Ed. Mundi-Prensa. Madrid,
131pp.
MORO, R., 1995. Guía de los árboles de España. Ediciones Omega.
Barcelona, 407pp.
Es necesario conocer los datos climáticos de la zona a reforestar con encina, en especial las precipitaciones, que deben oscilar entre los 350 y 1.600 milímetros anuales, estando su óptimo entre 400 y 1200 milímetros (MONTOYA OLIVER, J.M., 1993).
En cuanto a las temperaturas, deben oscilar en un rango de 8 a 19 ºC de media anual, siendo el óptimo de 10 a 18 ºC (MONTOYA OLIVER, J.M., 1993).
En cuanto a la altitud podemos reforestar desde el nivel del mar, hasta los 2.000 metros, aunque el óptimo está entre los 200 y 800 metros de altitud (MORO, R., 1995).
La situación topográfica y el medio ambiente del terreno le confieren un microclima particular (DE JUAN, C., 1995):
Las situaciones de viento son muy perjudiciales para los árboles.
Las exposiciones al sur y este acentúan los riesgos de sequía, y las exposiciones al norte y oeste son más favorables.
Los terrenos situados en el fondo de los valles pueden ser objeto de heladas de primavera.
Para conocer con exactitud los datos climáticos de la zona de reforestación, nos dirigiremos al servicio meteorológico más cercano.
Para más detalles mirar el apartado 4.1.
7.1.2.2. Factores del suelo.
Bibliografía consultada:
BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994.
Manual de forestación en tierras agrícolas. MAPA. Publicaciones del YRIDA. Madrid,
117pp.
DE JUAN, C., 1995. Repoblación forestal de tierras agrícolas. Ed.
Mundi-Prensa. Madrid, 63pp.
MONTOYA OLIVER, J.M., 1993. Encinas y encinares. Ed. Mundi-Prensa. Madrid,
131pp.
La reforestación con encina es realizable en casi todos los terrenos, incluso en los más pobres. No debe realizarse en terrenos encharcables, salinos y de escaso volumen útil, de 400 a 600 litros de tierra fina, accesible por las raíces, por metro cuadrado de suelo es el mínimo exigible para la encina (MONTOYA OLIVER, J.M., 1993).
En cuanto al pH del suelo, la encina crece bien tanto en suelos ácidos, como en los básicos, aunque prefiere los intermedios (MONTOYA OLIVER, J.M., 1993).
La mejor solución para conocer un suelo es hacer una zanja para observarlo. Es preciso hacer tantas zanjas como unidades de medio haya, indicadas éstas por la vegetación espontánea que crece en ellas. Estas zanjas serán profundas, de 0,80 a 1,10 metros, si el terreno lo permite, o si no, hasta el subsuelo rocoso (DE JUAN, C., 1995).
Estas zanjas nos permitirán apreciar características del suelo como:
La naturaleza del suelo, materiales, penetrabilidad, etc.
La profundidad del suelo explorable por las raíces y los obstáculos para su desarrollo.
Un análisis rápido permitirá la medición del pH y demás factores relevantes (salinidad, etc.).
Las reservas de agua en el suelo.
Los problemas de encharcamiento del suelo.
En las prácticas agrícolas habituales, la fertilidad de un suelo se complementa con al abonado aplicado en cada cosecha. En las reforestaciones, salvo casos excepcionales, las plantas introducidas deben vivir de los recursos del medio (BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994).
Para más detalles mirar el apartado 4.2.
7.1.2.3. Vegetación circundante.
Bibliografía consultada:
BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994.
Manual de forestación en tierras agrícolas. MAPA. Publicaciones del YRIDA. Madrid,
117pp.
DE JUAN, C., 1995. Repoblación forestal de tierras agrícolas. Ed.
Mundi-Prensa. Madrid, 63pp.
Habrá que considerar también la vegetación natural que puebla el terreno, así como la de los montes cercanos a él, y si existen anteriores reforestaciones, observar su estado actual y grado de desarrollo y si sufren plagas o enfermedades (BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994).
Las plantas presentes sobre el terreno pueden aportar índices muy valiosos en cuanto al potencial forestal del suelo. En una pradera, o en un baldío, se deberá prestar especial atención a las variaciones de vegetación, que revelan cambios del medio y ayudan a delimitar las diferentes unidades del terreno (DE JUAN, C., 1995).
También habrá de observar si la vegetación presente es colonizadora o no, para prever así la necesidad y frecuencia de los desbroces posteriores (apartado 9.5).
7.1.2.4. Actividad agrícola de la zona.
Bibliografía consultada:
DE JUAN, C., 1995. Repoblación forestal de tierras agrícolas. Ed.
Mundi-Prensa. Madrid, 63pp.
Una iniciativa aislada de reforestación en una zona agrícola puede ser origen de conflictos, pues la cohabitación de los cultivos y de la reforestación provoca perjuicios recíprocos: la sombra, la caza, las plantas indeseables y la competencia de las raíces pueden molestar a agricultores vecinos, así como los tratamientos o los animales de cría pueden poner en peligro a nuestra reforestación.
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