7.3.1. ¿Siembra o plantación?.
Bibliografía consultada:
DELGADO GIL, A.M., 1994. Técnicas para plantar Quercus a partir de
bellotas. Revista Quercus, tomo 1. Madrid, págs. 292-295.
La introducción o cultivo de la encina puede hacerse de dos formas: por siembra, es decir, depositando la semilla directamente sobre el terreno, o por plantación, colocando las plantas previamente criadas (vivero o semillero) en el terreno definitivo.
Indudablemente el sistema de reproducción y crecimiento de la encina revela su clara adaptación a la siembra, más que a la plantación.
Un sistema radical entero y sin deformaciones, con su pivote radical bien conservado, es fundamental para la resistencia a la sequía de la planta en sus primeros veranos, para la implantación de una cepa vigorosa, y para el crecimiento y longevidad de la planta lograda.
Un factor en contra de la plantación es el hecho de que la raíz pivotante de la encina crece con fuerza hacia abajo, y no comienza a dar raíces secundarias hasta que se encuentra a bastante profundidad. Para paliar este fenómeno, se recurre en vivero al repicado (corte) o autorrepicado (normalmente por desecación) de la raíz principal, para que así se emitan las raíces secundarias, pero este repicado provoca una interrupción en la estrategia de crecimiento de la encina, que afectará indudablemente en su futuro crecimiento en campo.
Para conseguir en vivero una planta en la que no se hayan alterado estas características, sería necesario plantar la bellota en un recipiente que tuviera la misma profundidad que puede alcanzar una raíz de encina en su primer año de vida (imposible), y por supuesto sería necesario plantarla en ese primer año de vida, en cualquier caso, salvando este matiz, tendríamos el problema de que la planta de vivero se mantiene en buenas condiciones (tierra de calidad, agua abundante, etc.) y cuando la ubiquemos en el lugar de plantación sufrirá un cambio radical, cosa que derivará en un mediocre crecimiento en la mayoría de los casos, o la muerte, si no logra un buen arraigo.
Por otra parte, el crecimiento en la maceta es similar al que el árbol realizaría en la naturaleza salvo que seamos viveristas especializados, en cuyo caso, con excelentes tierras abonadas (turba) y bien cuidadas se puede triplicar su crecimiento natural, como ya logran algunos viveros, al menos con el tallo. Sin embargo, el sistema radicular no aumenta de tamaño en esta proporción, ya que al ser la tierra rica y húmeda y ser limitado el espacio disponible, no le es ni posible ni necesario el hacerlo. Por ello, al plantarlas en campo, salvo que el suelo sea de análogas características nutritivas y de humedad (cosa rara), un tallo de tal proporción va a necesitar, entre otras cosas, mucha agua. Mientras ésta no falte todo irá más o menos bien, pero hacia junio, cuando en la España seca el nivel freático baje más que su raíz, que se ha ramificado pero no ha profundizado lo suficiente, comenzará a secarse el tallo y luego la raíz.
La siembra, además de reducir costes, no presentará estos problemas de adaptación al terreno, pues la raíz se asienta sobre el terreno final. Sin embargo se critican las siembras con frecuencia, a causa de los daños de los animales, y por supuestos fracasos, que hacen pensar en las plantaciones.
Sin lugar a dudas, la elección esta muy clara, y solo es preferible la plantación a la siembra de bellotas cuando la siembra falle por los ataques de depredadores.
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