7.3.2. Siembra.

Bibliografía consultada:
MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993. Selvicultura Mediterránea. Ed. Mundi-Prensa. Madrid, 368pp.
MONTOYA OLIVER, J.M., 1988. Elección y siembra de bellotas. Revista Quercus, cuaderno 32. Madrid, págs. 42-43.

Para una correcta siembra se deberán seguir los siguientes consejos:

Sumergir las bellotas en agua durante los dos o tres días previos a la siembra, cambiando el agua cada día, eliminando las que floten.

Sembrar bellota fresca y sana. Un error frecuente es sembrar con bellotas muertas. Las bellotas germinan todas, pero si están vivas en el momento de su siembra (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993).

Utilizar bellotas gruesas, pardas y lisas (MONTOYA OLIVER, J.M., 1988).

Gruesas, por poder nacer desde una mayor profundidad, esto defiende de heladas, sequías y del ataque de posibles depredadores.

Pardas, pues la bellota deberá de estar madura y esto es indicativo de ello.

Lisas, pues si no están bien lisas en su superficie, es indicativo de pobre hidratación, y si presentan anomalías, como pequeños agujeritos, quiere decir que la bellota esta agusanada, en cualquier caso se desecharán.

Realizar una siembra temprana. Cuanto antes se siembre, más fresca y en mejores condiciones estará la bellota, y también, más grande y mejor enraizada llegará la planta a su primer y más duro verano (MONTOYA OLIVER, J.M., 1988).

Tras las labores de la tierra, esperar al menos quince días hasta la siembra. Los animales buscan tras la labor, y si no encuentran algo, no suelen volver (MONTOYA OLIVER, J.M., 1988).

La siembra se realizará a ser posible con el terreno húmedo.

Habrá que sembrar lo más profundamente posible de acuerdo con el tipo de suelo y tamaño de la bellota, pues muchas reforestaciones marran, al resecarse o helarse la bellotas demasiado superficialmente sembradas. También si se siembran muy superficialmente, roedores, jabalíes, etc. las encuentran y desentierran con relativa facilidad (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993).

Después de la siembra se pisará suavemente la tierra (disimulando lo más posible el lugar de siembra), y se efectuará, si es posible, un riego puntual de asentamiento.

Sembrar cebada u otro cereal superficialmente, o bien el sobrante de bellotas desachadas por su tamaño, estado de desecación o ataques de plagas. A los animales no las gusta trabajar demasiado, y por ello, no buscarán la siembra profunda (MONTOYA OLIVER, J.M., 1988).

Una vez nacida la plántula hay que mantener una cierta suciedad (alrededor de ésta) de maleza en el terreno para desviar los ataques de los depredadores hacia el resto de la vegetación (MONTOYA OLIVER, J.M., 1988), y dar abrigo y protección a la encinita.

Utilizar la protección natural y de forma opcional instalar una protección global, en el futuro se aplicará una protección individual (descritas en apartado 9.1.3).


7.3.2.1. Ventajas e inconvenientes.

Bibliografía consultada:
BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994. Manual de forestación en tierras agrícolas. MAPA. Publicaciones del YRIDA. Madrid, 117pp.

Las ventajas más importantes son:

Se obtiene una gran densidad de masa creada.

Su ejecución suele resultar más barata y requiere menos mano de obra.

No presenta problemas de adaptación al terreno, pues la raíz se asienta sobre el terreno final, y permite reforestaciones resistentes a la sequía.

Los inconvenientes más importantes son:

Al resultar masas más densas, son necesarios cuidados posteriores más intensos.

Se necesita contar con condiciones estacionales muy favorables.

Problemas a causa de los daños de depredación de animales.


7.3.2.2. Calidad de la semilla.

Bibliografía consultada:
BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994. Manual de forestación en tierras agrícolas. MAPA. Publicaciones del YRIDA. Madrid, 117pp.
MONTOYA OLIVER, J.M., 1988. Elección y siembra de bellotas. Revista Quercus, cuaderno 32. Madrid, págs. 42-43.

La calidad de la semilla se puede definir como "el conjunto de características morfológicas y fisiológicas de la misma que le permiten ser óptima para la siembra" (BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994).

La bellota de calidad deberá tener las siguientes características exteriores: gruesa, parda, lisa, fresca y sana (MONTOYA OLIVER, J.M., 1988).

Se desecharán las semillas que:

Floten en el agua.

No presenten dureza ante una presión con los dedos.

No estén frescas y sanas.

Sean muy pequeñas.

Presenten anomalías por pudrición o plagas.


7.3.2.3. Método de siembra.

Bibliografía consultada:
DELGADO GIL, A.M., 1994. Técnicas para plantar Quercus a partir de bellotas. Revista Quercus, tomo 1. Madrid, págs. 292-295.
MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993. Selvicultura Mediterránea. Ed. Mundi-Prensa. Madrid, 368pp.
MONTOYA OLIVER, J.M., 1988. Elección y siembra de bellotas. Revista Quercus, cuaderno 32. Madrid, págs. 42-43.

Primeramente se sumergirán las bellotas en agua durante los dos o tres días previos a la siembra, cambiando el agua cada día, eliminando las que floten. Se sumergirán en bidones o cubos y el cambio de agua se realizará introduciendo nueva agua para que la antigua salga.

La siembra será puntual, situada en los surcos o en las casillas.

Se introducirán las bellotas en el centro de las casillas o surcos, realizando un hoyo con azada, palo de hierro u otro utensilio similar que sirva para la tarea, seguidamente se tapará éste y se presionará suavemente con el pie, disimulando lo más posible el lugar de siembra. Se efectuará seguidamente, si es posible, un riego puntual de asentamiento.

La bellota deberá sembrarse a una profundidad de 2,5 a 3 veces su tamaño (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993), no obstante, tomaremos como parámetro principal la tipología del suelo.

Para suelos compactos o arcillosos, 10 centímetros, para suelos sueltos o arenosos, 15 centímetros, y 13 centímetros para suelos medios, intervalo comprendido entre ambos (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993). En suelos muy compactos, que suelen tener mal drenaje, puede ser conveniente profundizar más abajo del nivel de colocación de las semillas y rellenarlas por debajo y por encima con arena o con tierra y arena, de esta forma se favorece la penetración de la raíz y la salida del tallo de la tierra (DELGADO GIL, A.M., 1994).

Esta profundidad de 10 a 15 centímetros es la ideal pues la bellota queda alejada de la vista de muchos de sus enemigos y protegida de las heladas y la deshidratación, con lo que la germinación queda asegurada en porcentajes muy elevados.

La bellota ha de depositarse en posición horizontal, en número aproximado de 2 a 4 por hoyo, separadas 1 o 2 centímetros entre sí. Si se dispone de suficiente semilla, mejor 4 que 2, ya que una puede no germinar, otra secarse en el primer año y de las que queden terminará por sobrevivir la mejor planta. Además, los árboles jóvenes crecen mejor juntos (DELGADO GIL, A.M., 1994).

La siembra de bellotas germinadas puede ser conveniente cuando dispongamos de menor número de bellotas, y también porque las buscan menos los animales y así se producen menos pérdidas. En esta modalidad, y de manera opcional, se puede cortar la raíz nacida a 1-2 centímetros de la bellota y plantarla con la raíz, lógicamente, hacia abajo. Una vez cortada esta primera raíz, la bellota emitirá una segunda raíz fasciculada. No cortar nunca a ras de la bellota porque entonces no nacerá su tallo (MONTOYA OLIVER, J.M., 1988).

No desesperar si las plantas se secan en verano ya que frecuentemente suelen rebrotar más adelante.


7.3.2.4. Cantidad de semilla y distribución de siembra.

Bibliografía consultada:
BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994. Manual de forestación en tierras agrícolas. MAPA. Publicaciones del YRIDA. Madrid, 117pp.
MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993. Selvicultura Mediterránea. Ed. Mundi-Prensa. Madrid, 368pp.

Se deben sembrar de 4.500 (unos 15 kilos) a 10.000 (unos 30 kilos) bellotas por hectárea, utilizando 4 bellotas por punto de siembra. Aunque esto parece excesivo, no lo es, pues el logró de 1.100-2.500 buenos pies de los que partir para una selección futura exige un importante número de bellotas.

Esta es una ventaja fundamental de las siembras ante las plantaciones, partimos de un número muy elevado de individuos de los que hacer una selección, ya que debemos recordar que los Quercus son genéticamente muy irregulares, y de la misma cosecha algunos individuos salen muy fuertes y con buen crecimiento, y otros son simples y raquíticas matas con el tiempo (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993).

El marco normal de siembra será de 2 x 2 metros (10.000 semillas, 4 por punto) o de 3 x 3 metros (4.500 semillas, 4 por punto), luego podemos realizar una selección de los mejores y dejar definitivamente en un marco de 6 x 6, 7 x 7, 8 x 8 metros, según estemos en un suelo, arenoso, medio o arcilloso. El marco variará también en función del fin que queramos dar a la reforestación y de la pendiente terreno.

En terrenos llanos la disposición de la siembra será en cuadrados o rectángulos, cruzándose en todos los casos las filas perpendicularmente (BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994).

Cuando se trate de terrenos en pendiente, los puntos de siembra seguirán las curvas de nivel al tresbolillo (BARBERO MARTIN, A., CATALAN BACHILLER, G., GONZALEZ RODRIGUEZ, F., 1994).


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