7.3.5. Encinas y pinos.

Bibliografía consultada:
MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993. Selvicultura Mediterránea. Ed. Mundi-Prensa. Madrid, 368pp.
PONCE LAJARA, A., 1996. Experiencias sobre la siembra de bellotas de encina en Granada. Revista Quercus, cuaderno 120. Madrid, págs. 19-22.

Siempre se aconseja la plantación de pinos junto a las encinas, aludiendo que estos dan protección a la encina. Se dice que el pino ofrece sombra a la encina, pero no es posible que un pino de dos palmos de altura de sombra a una encina a 2 o 3 metros de distancia (PONCE LAJARA, A., 1996).

La protección que da el pino es de tipo táctico y consecuencia de la propia estrategia de las encinas en su crecimiento. En sus primeros 3 o 4 años de vida las encinas desarrollan su sistema radicular, mientras que la parte aérea tiene en muchas ocasiones un aspecto raquítico y deteriorado, cuando no seco, aunque la planta está perfectamente. La consecuencia de todo ello es que el aspecto general de la reforestación es muy malo, lo que lleva a su abandono. Al introducir un porcentaje de pino, las reforestaciones en sus primeros años de vida son más visibles y tienen mejor aspecto, con lo que se evita el problema anterior (PONCE LAJARA, A., 1996).

La única razón por la que introducir un porcentaje de pinos en la reforestación es conseguir diversidad, pero no porque la encina necesite del pino para sobrevivir (PONCE LAJARA, A., 1996).

Insisto en la inconveniencia de que los Quercus mediterráneos, y en este caso la encina, sufran un excesivo tiempo a la sombra de otros árboles. Es aspecto relevante cuando se habla de repoblaciones mixtas con coníferas, o de repoblaciones bajo bosque. De tres a cinco años a la sombra sería un límite a no superar (MESON, M. Y MONTOYA OLIVER, J.M. 1993).


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