8.2. Técnicas para micorrizar encinas.
Bibliografía consultada:
PULIDO PASTOR, A., 1994. Micorrización sencilla para viveros elementales.
Revista Quercus, cuaderno 105. Madrid, págs. 34-36.
Un primer método
sería el aporte de sustrato natural (tierra del lugar), que es un método perfectamente
válido sobre todo para la transmisión de micorrizas ectotrofas, pero es bastante más
costoso que otras técnicas más sencillas y además tiene el inconveniente de facilitar
la posible introducción de agentes perjudiciales (Phytoptora, Fusarium, Alternaria), así
como puestas o larvas de insectos y semillas de malas hierbas.
Un segundo método
es el encapsulado de semilla, el cual requiere una gran preparación y presenta como
ventaja principal, la proximidad entre al material fúngido y el vegetal, sobre todo en
los inicios del crecimiento radicular. Se lleva a cabo mediante la pulverización de
carpóforos o setas maduras, cuya harina se mezcla con un polvo inerte (arena, caolín,
serrín) que le sirve de soporte, y con goma arábiga como adherente. Con esta mezcla se
recubre la semilla, de manera que queda lista para su siembra.
Un tercer método
es la solución esporal. Se dejan esporular los carpóforos sobre una lámina de papel de
aluminio (generalmente vidrio, para evitar la desecación) y se lavan la esporadas con
agua destilada recogiéndolas en un recipiente. O bien se dejan esporar los carpóforos
directamente sobre agua destilada. De este modo se obtiene una solución de esporas,
utilizable en riego o para sumersión de bellotas previa siembra, sobre todo en viveros.
Para el cálculo de dosis puede ser indicativa la cifra de uno a dos miligramos de carpóforo por planta que se quiera micorrizar.
Con estos métodos se consiguen porcentajes de inoculación superiores al 60%, que son muy aceptables.
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